La prevención empieza antes de las lluvias: claves para proteger los cultivos frente a El Niño

El Niño - Basf

Cuando llegan las primeras lluvias intensas, muchas veces el daño ya comenzó. Bajo la superficie de un cultivo aparentemente sano, las raíces pueden estar perdiendo oxígeno, los nutrientes empiezan a desplazarse y las condiciones ideales para enfermedades y plagas comienzan a formarse silenciosamente.

Para miles de productores ecuatorianos, cada temporada lluviosa representa mucho más que un cambio en el clima. Representa meses de trabajo, inversión y expectativas que dependen de una sola variable: qué tan preparados están antes de que comiencen las primeras lluvias.

La clave es, entonces, anticiparse, actuar de manera preventiva frente a un posible episodio del Fenómeno de El Niño evitando tener que reaccionar precipitadamente cuando aparecen los problemas. La diferencia entre proteger una cosecha y sufrir pérdidas significativas suele construirse semanas o incluso meses antes, mediante una planificación que considere el manejo del suelo, la sanidad de los cultivos, la disponibilidad de recursos, la logística de cosecha y el monitoreo constante de las condiciones climáticas.

El Niño corresponde a la fase cálida del fenómeno climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) y altera los patrones de temperatura y lluvia.

En Ecuador, sus efectos se sienten con especial intensidad en la región Costa, donde las lluvias pueden incrementar el riesgo de inundaciones, desbordamientos de ríos y saturación de los suelos.

El impacto de las lluvias comienza debajo del suelo

Muchas de las consecuencias más importantes del exceso de lluvia no son visibles a simple vista.

Cuando el agua supera la capacidad de drenaje del suelo, este se satura y disminuye la disponibilidad de oxígeno para las raíces. Como resultado, se afectan procesos fundamentales como la absorción de agua y nutrientes, mientras aumenta el riesgo de enfermedades radiculares.

A ello se suman fenómenos como la erosión, la pérdida de nutrientes y la compactación del suelo, factores que pueden limitar el crecimiento de los cultivos y reducir su productividad.

En escenarios severos, el exceso de agua puede provocar pérdidas parciales o totales de las cosechas. En Ecuador, cultivos como banano, cacao, arroz, maíz y plátano suelen verse afectados durante temporadas de lluvias intensas, especialmente en provincias como Los Ríos, Guayas, Manabí y Esmeraldas. Otros cultivos, como papa, tomate, hortalizas y frutales, también pueden resultar afectados según las condiciones locales.

«La resiliencia agrícola no se construye durante la emergencia, sino antes de que esta ocurra. Conocer las condiciones del terreno, mantener operativos los sistemas de drenaje y monitorear permanentemente el cultivo permite tomar decisiones oportunas e inteligentes, reduciendo la exposición del productor», señala Stephanie Valquinta, gerente de país de BASF Ecuador.

La humedad también incrementa la presión de enfermedades

La humedad persistente no solo transforma el paisaje. También crea un ambiente favorable para la aparición y propagación de enfermedades que pueden comprometer la productividad de los cultivos.

Cuando las hojas permanecen mojadas durante más tiempo y aumenta la humedad ambiental, hongos y bacterias encuentran condiciones ideales para desarrollarse y expandirse con rapidez.

Entre los principales riesgos se encuentran la sigatoka negra en banano; la moniliasis y la antracnosis en cacao; las pudriciones radiculares; y diferentes tipos de tizones y manchas foliares. Además, pueden incrementarse problemas bacterianos y plagas asociadas a ambientes húmedos y con abundante vegetación.

Nueve acciones que pueden comenzar antes de las primeras lluvias

La preparación debe responder a las características de cada finca y cultivo, pero existen medidas preventivas generales que permiten aumentar la capacidad de respuesta frente a eventos climáticos extremos:

  • Revisar, limpiar y rehabilitar canales, zanjas y sistemas de drenaje.
  • Identificar zonas bajas, áreas susceptibles a inundaciones y puntos de acumulación de agua.
  • Consultar pronósticos estacionales, alertas meteorológicas y sistemas de alerta temprana.
  • Ajustar los calendarios de siembra, fertilización, aplicaciones y cosecha.
  • Fortalecer el monitoreo sanitario para detectar síntomas iniciales de enfermedades o plagas.
  • Garantizar anticipadamente la disponibilidad de insumos para la protección del cultivo.
  • Incorporar prácticas de manejo del suelo, como materia orgánica y coberturas vegetales.
  • Elaborar planes de contingencia para proteger infraestructura, equipos, insumos y producción.
  • Evaluar alternativas de aseguramiento agrícola y mecanismos de transferencia del riesgo.

Monitorear permite intervenir antes de que el daño se extienda

En agricultura, anticiparse suele ser más efectivo y menos costoso que corregir.

La detección temprana facilita intervenciones más precisas y ayuda a evitar que los problemas se propaguen hacia otras áreas del lote. Por ello, el monitoreo debe integrarse con una planificación agronómica que contemple nutrición, manejo sanitario, drenaje, conservación del suelo y logística de cosecha.

Dentro de esta estrategia, la protección fitosanitaria cumple un papel preventivo fundamental. El uso oportuno y responsable de fungicidas, insecticidas y otras soluciones, acompañado de monitoreo técnico y buenas prácticas agrícolas, permite reducir la presión de enfermedades y plagas que suelen incrementarse durante los periodos de alta humedad.

La tecnología lleva información oportuna hasta el campo

Hoy, la capacidad de anticipar riesgos ya no depende únicamente de observar el cielo.

La agricultura digital está fortaleciendo la toma de decisiones mediante herramientas que permiten transformar datos en acciones concretas. Aplicaciones móviles, plataformas de monitoreo, estaciones meteorológicas, sensores de suelo y clima, sistemas de información geográfica, análisis satelital, inteligencia artificial y drones ofrecen información cada vez más precisa para actuar con rapidez.

En zonas rurales donde la conectividad es limitada, también adquieren relevancia las herramientas que permiten consultar información previamente descargada o registrada en campo. Entre las opciones que BASF pone a disposición del sector se encuentra la aplicación BASF Agro App, que facilita el acceso a información técnica y recomendaciones agronómicas directamente desde la finca, sin requerir el uso permanente de datos móviles.

Asimismo, el uso de drones facilita la evaluación rápida de grandes extensiones agrícolas, permitiendo identificar áreas con exceso de humedad, problemas de drenaje, inundaciones o focos iniciales de enfermedades antes de que las afectaciones se extiendan.

Prepararse hoy para proteger la cosecha de mañana

Para los productores ecuatorianos, el mensaje es claro: la preparación comienza mucho antes de que lleguen las lluvias.

Fortalecer el manejo agronómico, conservar los drenajes, monitorear permanentemente el cultivo, proteger la salud del suelo, aprovechar las herramientas digitales y adoptar estrategias preventivas de protección fitosanitaria puede marcar la diferencia entre enfrentar una temporada desafiante o sufrir pérdidas significativas.

Porque la resiliencia del campo no se construye cuando aparece la emergencia. Se construye en cada decisión anticipada, en cada acción preventiva y en cada productor que elige prepararse antes de que la lluvia toque la tierra.

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