En Ecuador, 1.143 personas murieron por suicidio en 2024, según cifras provisionales del INEC, siendo adolescentes y jóvenes los grupos con mayores tasas: 10,62 por cada 100.000 habitantes entre los 15 y 19 años, seguido del 10,13 entre los 20 y 29 años. Estas cifras cobran especial relevancia en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, y plantea la necesidad de fortalecer acciones que permitan identificar, señales de advertencia, riesgos y actuar oportunamente antes de una crisis.
Depresión, ansiedad, consumo de alcohol o drogas, duelos, rupturas sentimentales, violencia, acoso, discriminación y otros problemas de salud mental, pueden incrementar la vulnerabilidad. Sin embargo, el fenómeno del suicidio es multifactorial y estos factores no permiten predecirlo por sí solos. Por ello, reconocer cambios como: aislamiento, alteraciones importantes del ánimo, expresiones de desesperanza o referencias a la muerte puede ser determinante para activar una red de apoyo y buscar ayuda profesional.
En este escenario, la salud mental comunitaria adquiere especial relevancia al llevar la prevención a los espacios donde las personas estudian, trabajan, conviven y construyen sus vínculos. Este enfoque requiere profesionales capaces de identificar factores de riesgo y protección, fortalecer redes de apoyo y desarrollar estrategias de prevención de acuerdo con las necesidades de cada comunidad.
Esta necesidad también plantea un reto para la formación académica. En respuesta a esta realidad, la Universidad Internacional SEK (UISEK) presente la Maestría en Salud Mental Comunitaria, convirtiéndose en la única universidad en Ecuador en ofrecer esta formación especializada. El programa está orientado a preparar profesionales capaces de comprender e intervenir en las problemáticas de salud mental desde una perspectiva preventiva, interdisciplinaria y vinculada con las comunidades, contribuyendo así a fortalecer las capacidades de prevención y atención integral desde distintos entornos sociales.
La prevención también requiere que familias, docentes y personas cercanas sepan cómo actuar ante una señal de alerta. Preguntar directamente, escuchar sin juzgar, permanecer cerca, conectar con ayuda profesional y dar seguimiento son acciones recomendadas. Preguntar si alguien está pensando en suicidarse no induce esta conducta y puede abrir una oportunidad para intervenir.
Si una persona habla de querer morir, expresa pensamientos de suicidio, presenta un cambio de comportamiento que genera preocupación o tiene antecedentes de un intento de suicidio y muestra un deterioro en su estado emocional, es importante buscar ayuda profesional ese mismo día. No es necesario esperar a que la situación empeore para pedir apoyo. Ante un peligro inmediato, intento en curso o reciente, intoxicación o un plan actual con intención, se debe llamar al 9-1-1 y no dejar sola a la persona.
Prevenir el suicidio implica fortalecer las capacidades para reconocer señales, acompañar y actuar a tiempo. En este desafío, contar con profesionales especializados en salud mental comunitaria y con comunidades preparadas para responder constituye una parte fundamental de una estrategia de prevención integral