La pregunta “¿en qué año estamos?” parece tener una respuesta obvia: 2026. Sin embargo, el número cambia dependiendo del calendario que se utilice.
Una misma fecha puede expresarse como 1405 en el calendario persa, 1448 en el islámico, 1475 en el armenio, 2019 en el etíope, 2569 en el budista, 2779 en el sistema Ab Urbe Condita, 4359 en el coreano, 4724 en el chino, 5787 en el hebreo y 6766 en el asirio.
La explicación es sencilla: estos calendarios no comenzaron a contar los años desde el mismo punto de la historia. El calendario islámico toma como referencia la Hégira, la migración de Mahoma de La Meca a Medina; el sistema Ab Urbe Condita cuenta desde la fundación de Roma y el calendario hebreo utiliza una fecha tradicional asociada con la creación del mundo. Es decir, no son años diferentes ocurriendo al mismo tiempo, sino distintas maneras de contar el paso de los años.
La escala cambia todavía más con otros sistemas. El calendario holoceno sitúa el año actual en 12.026 porque suma 10.000 años al calendario gregoriano, mientras que la cifra de 4.540.002.026 corresponde a una escala basada en la edad aproximada de la Tierra, calculada en unos 4.540 millones de años.
Así, el 2026 que usamos habitualmente es solo una de varias formas en las que distintas culturas y sistemas han decidido medir el tiempo.