El Nokia 1100 nació en 2003 con una idea que hoy parece casi prehistórica: servir para llamar y enviar mensajes, sin internet, aplicaciones ni redes sociales.
Sin embargo, esa sencillez lo convirtió en un fenómeno mundial. Entre 2003 y 2009 vendió 250 millones de unidades y todavía conserva el récord como el celular más vendido de la historia, incluso por encima del iPhone 6 y 6 Plus. Su carcasa de goma, teclado protegido y batería extraíble de 850 mAh le permitían alcanzar hasta 400 horas en espera y unas 4,5 horas de conversación.
El teléfono funcionaba únicamente con redes 2G y ofrecía herramientas básicas como alarma, calculadora, linterna y el recordado Snake II, conocido como viborita o culebrita.
En 2005, Nokia vendió en Nigeria el ejemplar que marcó su unidad número mil millones. Su sucesor, el Nokia 1110, llegó a 248 millones de unidades. Aunque el 1100 dejó de fabricarse en 2010, todavía aparece en plataformas como eBay: los modelos usados pueden encontrarse por menos de $50, mientras los ejemplares sellados o con caja y accesorios originales pueden superar los $100.
La nostalgia también abrió un pequeño mercado para estos celulares entre coleccionistas y usuarios que buscan desconectarse. Antes de comprar uno usado es importante revisar su estado y comprobar que las redes 2G sigan disponibles en el país donde se utilizará.
Esa filosofía incluso inspiró al Nokia 300 Charge, presentado por HMD Global, con batería extraíble de 3.700 mAh, más de 40 días de autonomía en espera según la compañía y conectividad 2G. Por ahora se comercializa únicamente en Filipinas, mientras el viejo 1100 sigue siendo recordado como el teléfono que triunfó precisamente por no intentar hacer de todo.