Parque de la Paz presentó oficialmente Memorial Kingman – Arte que honra la memoria, un innovador concepto funerario desarrollado en alianza con la Fundación Eduardo Kingman, que integra el arte ecuatoriano en un espacio de recordación para las familias. El nuevo sector, ubicado en el Camposanto Parque de la Paz – La Aurora, contará con apenas 600 espacios exclusivos, convirtiéndose en una propuesta única en el país.
Durante la presentación del proyecto, Fernando Flores, presidente de Parque de la Paz, explicó que la iniciativa nace de una filosofía que la empresa ha impulsado desde hace varios años, incorporando distintas expresiones artísticas en sus camposantos como esculturas, pinturas y actividades culturales.
«Creemos que el arte es una de las formas de expresión que las personas pueden utilizar para manifestar los sentimientos que tienen hacia sus seres queridos y conectar con quienes ya partieron. Es una manera distinta de recordarlos y mantener viva su memoria», expresó.
Según Flores, el objetivo fue llevar esa visión un paso más allá y hacer que el arte no solo forme parte del entorno del camposanto, sino también del homenaje permanente que las familias realizan a quienes fallecieron.
«La idea era traer el arte no solo como una escultura dentro del camposanto, sino convertirlo en parte del recuerdo de las personas, permitiendo que cada familia pueda honrar la memoria de sus seres queridos a través de una obra que represente ese vínculo y ese legado», afirmó.
Un museo al aire libre dedicado a la memoria
Memorial Kingman fue concebido como un museo al aire libre, donde las reproducciones autorizadas de obras originales del maestro Eduardo Kingman Riofrío se integran en lápidas elaboradas en mármol blanco Carrara. La propuesta combina arte, naturaleza y memoria en un entorno pensado para la contemplación y el homenaje.
El sector contará con un tótem conmemorativo dedicado al artista lojano, lápidas integradas al paisaje y un espacio ceremonial con capacidad para aproximadamente 100 personas, destinado a ceremonias y actos de recordación.
A diferencia de un cementerio tradicional, los restos descansarán bajo áreas verdes rodeadas de árboles y luz natural, en un espacio donde el paisaje se convierte en parte de la experiencia de homenaje.
Cuatro obras que representan el ciclo de la memoria
La colección artística, denominada Ciclo de la Memoria, está conformada por cuatro obras emblemáticas de Eduardo Kingman, cada una asociada a un significado emocional que permitirá a las familias elegir la que mejor represente la vida y el legado de su ser querido.
Las obras disponibles son:
- Dos manos (1963), que representa Las manos que sostienen la vida.
- Mujer rezando (1956), inspirada en La oración del recuerdo.
- Alguien escucha (1976), que simboliza La voz que trasciende.
- Figura de procesión (1968), vinculada a La luz de la memoria.
Las familias podrán seleccionar la obra al momento de adquirir el espacio o cuando este vaya a ser utilizado, de manera que el homenaje refleje la historia, los valores y el recuerdo de quien descansa en ese lugar.
Un proyecto único en Ecuador
El Memorial estará conformado por 600 espacios exclusivos, que no volverán a replicarse una vez completada su capacidad.
Flores explicó que el convenio con la Fundación Eduardo Kingman contempla el licenciamiento oficial de las obras y la exclusividad para utilizarlas en este tipo de producto funerario.
«Es un producto completamente diferente a lo que existe actualmente. No hay dos productos iguales en nuestros camposantos ni en ningún otro del Ecuador», destacó.
Aunque el proyecto fue presentado oficialmente, la comercialización iniciará en los próximos días.
El legado de Eduardo Kingman
Considerado uno de los artistas más importantes del Ecuador del siglo XX, Eduardo Kingman Riofrío (1913-1997) fue pintor, dibujante, grabador y muralista. Su obra se caracterizó por la fuerza expresiva de las manos y los rostros, símbolos de la dignidad, el trabajo, la familia, la fe y la condición humana.
Con Memorial Kingman, ese legado artístico trasciende las salas de exposición para integrarse en un espacio donde el recuerdo se convierte en una experiencia de contemplación, identidad y permanencia.
«Lo que buscamos es que los recuerdos permanezcan vivos y puedan transmitirse de generación en generación. Que, a través del arte, las personas mantengan esa conexión con quienes ya no están y encuentren una nueva manera de honrar su memoria», concluyó Flores, presidente de Parque de la Paz.