Pichón de cóndor andino llega al Zoo de Quito para rehabilitación

Pichón de cóndor andino llega al Zoo de Quito para rehabilitación

El pasado viernes 14 de agosto, fue trasladada al Zoológico de Quito un pichón hembra de cóndor de aproximadamente 8 meses de edad. En este centro de rescate permanecerá en un recinto adecuado, donde estará aislada del contacto humano y podrá continuar su proceso de rehabilitación. El monitoreo de su progreso estará a cargo del equipo de Bienestar Animal del Zoológico, conformado por veterinarios, biólogos y zoocuidadores con experiencia de trabajo en cóndores.

El espécimen fue rescatado el 28 de junio, en Chitachaca, comunidad de Cayambe y atendida en el Hospital de Fauna Silvestre de la Universidad San Francisco, donde permaneció durante siete semanas. Se presume que la cóndor empezaba sus primeros vuelos cuando sufrió una caída que le produjo una grave fractura en el fémur. Después de recibir la atención médica requerida y aún en proceso de recuperación médica, se decide que pase a zonas de aislamiento para evitar una impronta por parte del ave.

El Zoológico preparó uno de sus espacios para que las condiciones de habitabilidad y seguimiento del animal sean óptimas. Se colocaron paredes para el aislamiento visual del ave, se instalaron tarimas y perchas para que el espécimen tenga dónde posarse y moverse dentro del recinto y se implementaron conexiones eléctricas, de internet (Wi-Fi) y cámaras de seguridad para su monitoreo.

Chitachaca, como fue nombrada la cóndor, ingresó la tarde del viernes pasado al lugar donde estará albergada por varios meses. Al principio, sus movimientos eran lentos y observaba el lugar con curiosidad, después de algunos minutos extendió las alas y empezó a desplazarse con soltura. Todo esto se pudo observar a través de las cámaras de monitoreo colocadas en el lugar. En el recinto contiguo, separado por una malla, se encuentra Kayambi, un cóndor juvenil rescatado en julio del año anterior en el mismo sector. La decisión de mantenerlos juntos se tomó como una forma de contribuir con su recuperación ya que los cóndores son animales sociales y así se facilita la adquisición comportamientos propios de vida silvestre.

Se prevé que el proceso de recuperación de esta cóndor será largo; de sus cuidados clínicos seguirán siendo responsables los veterinarios del Hospital de Fauna Silvestre de la Universidad San Francisco. David Mora, director de Bienestar Animal del QuitoZoo, explicó que Chitachaca “está en una edad en la que los padres deberían estar a cargo de enseñarle todo: alimentación, vuelos, cómo diferenciar su territorio, o identificar a otros individuos de su especie”. Por eso aún considera incierto el pronóstico que podría tener este caso en un corto o mediano plazo.

Mora también mencionó que la cóndor aún atraviesa un proceso post operatorio “que tiene que terminar de consolidarse”. En ese sentido, el objetivo será mantenerla aislada de todo contacto con humanos para que su rehabilitación continúe, y el seguimiento que harán a través de cámaras, se centrará especialmente en el consumo diario de alimento, la ingesta de agua, la evolución de su movilidad y la interacción con Kayambi.

Aunque el objetivo primordial es recuperar a Chitachaca para que pueda ser liberada, ese propósito aún no puede asegurarse, ya que todo dependerá del proceso de desarrollo que muestre el animal. Inclusive, si no pudiera liberarse al ave, existe la alternativa de que pueda ser parte de un proyecto de reproducción. El arribo de esta cóndor al Zoológico de Quito fue una decisión consensuada dentro del Grupo Nacional de Trabajo del Cóndor Andino, organización de la que es parte este centro de rescate.

Martín Bustamante, director de la Fundación Zoológica del Ecuador, explicó que el objetivo del Zoológico será evaluar el comportamiento del animal en un mediano o largo plazo, según la evolución que muestre. Recalcó que la cóndor “está perdiéndose la etapa del aprendizaje junto a sus padres”, aunque destacó que al estar en un recinto contiguo a Kayambi, eso va a ser una referencia importante, ya que, de alguna manera, Kayambi puede ayudar en ciertas partes de ese aprendizaje y ser un estímulo en el desarrollo del comportamiento social de Chitachaca, que no ha visto a otros cóndores desde su accidente.

Bustamante calcula que, al inicio, se esperarán aproximadamente 8 semanas para que continúe la solidificación del fémur operado de la cóndor y, simultáneamente, se llevará a cabo el monitoreo del comportamiento del ave. “Es un proceso difícil, es un proceso que requiere muchas variables o pasos intermedios, pero el compromiso está en trabajar por la liberación”, expresó.

Antecedentes médicos del ave

De acuerdo con Carolina Sáenz, coordinadora médica del centro veterinario al que llegó la cóndor, esta llegó con deshidratación moderada y “se veía que tenía una claudicación de su miembro posterior derecho”. En cuanto a su comportamiento, el ave estaba alerta y reaccionaba a los estímulos.

Mediante radiografías efectuadas a la extremidad que presentaba problemas, los especialistas confirmaron que tenía una “fractura a nivel del cóndilo del fémur”, lo cual requería una cirugía para poder solucionar esa afección, según la explicación de Sáenz.

“La cirugía consistió en la implantación de una placa de titanio y unos tornillos de compresión. Inmediatamente, después de ese procedimiento, vimos que la cóndor ya empezó a asentar su pata y, poco a poco, al pasar los días, iba mejorando y desviando su peso en el miembro afectado”, explicó.

El 24 de julio efectuaron una nueva radiografía a la paciente, y con esa revisión, el traumatólogo dio el alta hospitalaria, con lo que recomendó que la paciente ya podía estar en un espacio más amplio, hacer un poco más de ejercicio y subir en plataformas de mediana altura. A partir de ese diagnóstico, los expertos determinaron que Chitachaca “tendría que ir a un espacio más amplio a terminar su proceso de rehabilitación y por eso se eligió el Zoológico como el lugar de destino”.

Eduardo Díaz, director del hospital universitario, médico veterinario y biólogo, informó que, antes de ser trasladada al Zoológico, el ave estuvo en una habitación de aproximadamente 30 m2, donde podía extender completamente sus alas y caminar sobre un piso que contó con amortiguación, cubierto de paja, para evitar cualquier golpe o accidente. “Todo el tiempo en el que estuvo acá, se trató de tenerla lo más aislada posible, excepto cuando debían hacer el chequeo, pero para la alimentación, limpieza y demás atenciones cotidianas, estuvo completamente aislada”, precisó el director de Tueri.

Díaz comentó que en un entorno más apropiado, donde Chitachaca pueda comenzar a alzar vuelo, compartir e interactuar con otros ejemplares, o demostrar una posible aversión hacia los humanos, existirán más elementos para analizar si su comportamiento está más profundamente afectada por la situación en la que fue hallada. “Ahí es donde empieza el trabajo del Zoológico, nosotros somos meramente un hospital y todo lo que ya es interacción o sociabilidad, ya se evalúa en otro contexto”, finalizó.

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